De Stromboli de Rosselini a las islas Eolias

De Stromboli de Rosselini a las islas Eolias

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Recuerdo cuando era niña ver en la televisión una película en blanco y negro  que me impresionó por la fuerza y belleza de sus imágenes. No entendí absolutamente nada del argumento, me llamaba la atención el volcán, las viejas mujeres vestidas de negro con su pañuelo en la cabeza murmurando sobre una joven rubia y extranjera, en aquellas edades todo lo resumía en buenos y malos, no alcanzaba a descubrir ni que hacía esa joven allí, ni si era buena o mala. Me quedé con el nombre del lugar que daba título a la película “Strombolí”, sonaba bien, me gustaba… Muchos años después volvieron a ponerla de nuevo en la tele, el título era más largo del que yo recordaba “Stromboli, tierra de Dios”, no me volvió a dejar indiferente, la interpreté de otra manera, y descubrí otros detalles que la hacían aún más fascinante. La dureza y contrariedad de la gente de la isla hacia ella, “Karin” (Ingrid Berman), la intrusa, la conducen a otro infierno diferente del que ella venía huyendo. Las discrepancias entre la protagonista y su marido que es de la isla, se hacen cada vez más manifiestas, él se siente cada vez  más  frustrado y presionado por la gente, por la inadaptación de su mujer, y  la encierra… Hay tantas metáforas en la película…, como  la forma en que recibe Stromboli a Karini, todas las casas están cerradas, ella camina por un pueblo sin nadie, desierto, pero sabemos que hay vida porque en un momento dado se escucha llorar a un niño. La imagen de  Ingrid Berman subiendo sola al volcán, ¡con alpargatas¡¡¡¡, su lucha contra todo, su fuerza por no rendirse…,     ¡ella y el volcán¡. Stromboli de Rossellini, por otro lado, tiene mucho de documental muestra la pobreza de la isla, sus tradiciones, dejando como testimonio la forma de su pesca del atún, la erupción del volcán que era real, las  supersticiones y prejuicios de los isleños..

 

 

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Debido a la historia de amor entre Ingrid Berman y  Rossellini que  fue duramente criticada en su época, ambos estaban casados con otras parejas,  se les castigó con críticas feroces hacia la película, que resultó  un auténtico fracaso de taquilla. Hoy sin embargo está considerada como una obra imprescindible del cine neorrealista.

Fue esa película la que me llevó a tener el sueño de conocer esa isla, aunque entonces, no la sabía situarla si quiera en el mapa… Con los años, me volví a encontrar con ese nombre Strombóli…, y empecé a ir completando el puzle, está en Italia, en el mar Tirreno, una de las siete islas Eolias…,  declaradas Patrimonio de la Humanidad. Leía que no tenía agua potable y que solo una vez por semana una barca se acercaba hasta allí partiendo desde Lípari.

Stromboli estaba en mi lista de lugares que algún día me gustaría conocer, pero lo consideraba casi como un deseo más cercano de lo inalcanzable.

Este verano he tenido la oportunidad de conocer estas islas con nombre que hacen honor a los dioses Eolo, a Vulcano y a Líparo. Las siete islas volcánicas son muy diferentes entre sí, pero les une el amor y el respeto hacia un tipo de vida que se rige no tanto por las comodidades, el consumo y el lujo, sino el por el valor de vivir acorde con la naturaleza, disfrutar de los atardeceres más hermosos, del azul muy claro de su mar, de la sencillez de sus casas todas siempre luciendo hermosos jardines de gran colorido, del enigma, el dominio y la épica de sus volcanes. Vivir en estas islas es ver que es posible y real, que la felicidad está en una vida sin tiempo, en un presente continúo,  un demostrar que esas frases y mensajes que nos llegan a través del whatsaap, que leemos y pensamos que bonito, pero son tópicos, una falsedad…, pero existe y hay gente que está liberada de ese vacío existencial, de ese estrés continuo, de esa huida hacia de  la infelicidad que se intenta calmar comprando cada vez más cosas.

En estas islas ha empezado adentrarse el turismo principalmente del país, y muy lentamente de otros países, no quieren más hoteles, que además, cierran adrede a mitad de otoño   y durante todo el  invierno, quieren a pesar de la dureza del aislamiento, quedarse con ellos mismos, sentir solo ellos a su volcán …, quieren ser un punto y aparte.

Desde hace tan solo unos años les llega a través de los barcos agua potable y otros víveres,  no tienen servicio médico, y cuando hay emergencias se mueven por medio de helicópteros. En todas estas islas hay una pequeña escuela de Primaria, pero solo en Lípari hay un instituto de Secundaria y hace poco han inaugurado una universidad donde se imparte la carrera de Turismo, aunque se resisten y resisten, parece que poco a poco la invasión del turismo amenaza con erupciones más fuertes y destructivas que las lavas de sus volcanes.

Para llegar a estas islas hay que partir de Millazzo en Sicilia o desde Nápoles, y elegir cuál de las sietes islas quieres conocer, Vulcano, Salinas, Lípari, Panarea, Filicudi, Alicudi o Estrómboli.

Vulcano es junto a Estrómboli las dos únicas islas que tiene los volcanes activos, ya desde antes de acercase al puerto se empieza a oler a azufre,  resalta una roca en la entrada, que por su forma y sus  colores se percibe el dominio y la fuerza de su volcán. Son famosos sus baños de lodo, toda una experiencia por mi parte, bastante desagradable, ya que no se ve el fondo, el lodo todo lo enturbia y el olor es fuerte y asqueroso; además hay un gran reloj para medir el tiempo que pasas dentro, porque ese barro es radiactivo, no se aconseja estar dentro más de diez o quince minutos. Resulta sorprendente cómo la gente no deja parte del cuerpo sin esparcirse el barro…, realmente dicen que tiene funciones terapéuticas, y a muchas personas les gusta tanto que repite, desde luego, no es mi caso. Cuando sales de ese baño hay un camino que te conduce al mar donde se aconseja como imprescindible pasar a bañarte para eliminar el lodo, luego opcionalmente previo pago puedes pasar por una ducha para quitar esa suciedad, con un jabón que te han vendido previamente. Hay que ir con ropa de usar y tirar porque el fuerte olor se queda impregnado y no se va.

Lo que más me impactó de la isla fue la subida a su volcán, hay una parte de fumarolas,  vapores de azufre, que si aguantas y aconsejo que se aguante el fuerte olor a huevos podridos, puedes contemplar los más bellos colores verdes, amarillos, grises, anaranjados, teniendo la sensación que caminas por otro planeta entre la humareda, vapores y ácidos, verdaderamente merece la pena, y por supuesto desde allí, las vistas del cráter y de la isla son impresionantes.

En Vulcano, pocas calles tiene aceras, hay que pasear con cuidando y apartándose cuando pasan las bicis, motos o coches, la mayoría meharis azules y verdes descapotables, o pequeños Fitat también sin techo. Hay una película de los años 50, que no he visto que se titula “Vulcano” y cuya protagonista es Anna Magnani, rodada allí, tal y como señala su título.

Posee Vulcano una de las dos playas de arena negra que hay  en todas islas Eolias, es fácil encontrar en su orilla pequeñas medusas transparentes con colaraciones, que destacan en la oscuridad de sus arenas, mostrando  una imagen  bella de   combinación de colores,  el azul muy claro de sus aguas que se une con   las arenas de color pizarra que las bordean.

En los alrededores de la isla hay zonas de mar termal, dónde se puede uno bañar entre sus aguas muy cálidas y relajantes.

Muchos invasores al contemplar las bocanadas de humo de Vulcano desde el mar y sentir el olor fuerte del azufre, pensaron con espanto que sin duda ese lugar era el infierno.

 

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Salinas tiene seis cráteres inactivos, desde lejos se la distingue bien porque sobresalen las siluetas de sus destacados volcanes gemelos. Es la más frondosa, con gran variedad floral y destacan sus altos acantilados. Allí se encuentra “Pollara”, famosa por el rodaje de la  película “”El cartero y Pablo Neruda”. En todas estas islas se puede realizar senderismo, aquí se recomienda la subida   al monte de “Fosa delle Felci”, desde lo alto se divisan las siluetas de las otras islas.

Se puede vislumbrar en su costa el edificio tan blanco de la antigua fábrica de salinas, hoy totalmente abandonado. Resulta internacionalmente conocido su vino “malvasía” y sus alcaparras que exportan por todo el mundo. Son famosos en estas islas los granizados que se toman con cuchara, además  se les acompaña con una cucharada de nata, en la parte superior.

 

Lípari: es la isla más grande, su primera población data del siglo IV a.C. Los primitivos habitantes prehistoricos utilizaban una roca volcánica vítrea, la obsidiana con la que

Desde la  costa de Salinas se puede  contemplar las famosas Puertas Azules y otras rocas de bonitas formas, rodeadas de calas maravillosas. Resulta imprescindible un baño entre sus aguas cristalinas que poseen todas las tonalidades del azul, pero que  conforme se llega a la orilla van adquiriendo otros  tonos más verdes y turquesas.

 

Alicudi,  la isla con menos civilización, apenas sin domesticar, es también conocida como “la isla del brezo”, no tiene carreteras, sus únicas  formas de transporte son las mulas y las barcas. Subiendo unas empinadas escaleras se llega  a la iglesia de san Bartolo , donde se pueden contemplar una buenos paisajes, si sigues subiendo escalones hasta el final se puede llegar al pico de la montaña, que da nombre a la isla. Hay unas grutas llamadas “Timpone delle Femmenine”, donde las leyendas cuentan que era allí donde, se escondían las mujeres, para evitar ser descubiertas por  los piratas.

En alguna de sus casas los lugareños de la isla, te pueden vender sus frutas u otros productos de elaboración casera.

Filicudi: conocida también por “la isla de los helechos”, para llegar hasta allí, se pasa durante la travesía marítima por los farallones de “Canna”,   “Montenassari” y la “Grottaa del Blue Marino” todo de una hermosura extraordinaria. Se puede realizar una subida al monte más alto de la isla, desde dónde se pueden contemplar ambas orillas de Filicudi.

La aldea tiene un diminuto museo etnográfico,  y solo cuenta  con un restaurante. Su playa, como todas las de las Eolias, es de piedras y rocas, por eso aconsejo para un viaje a estas islas llevar calzado tipo cangrejeras o escarpines. También resulta imprescindible ir bien protegido contra los mosquitos.

Lípari: es la isla más grande, su primera población data del siglo IV a.C. Los primitivos habitantes prehistóricos utilizaban una roca volcánica vítrea, la obsidiana con la que fabricaban sus arcaicas herramientas. Los habitantes de Lípari  a lo largo de su historia, han sufrido mucho  no solo  por las erupciones de los volcanes, que también, pero  sobre todo  por las terribles y numerosas invasiones, la más literaria de todas ellas, sin duda,  la de “Barbarroja” que arrasó la ciudad  y secuestró a todas las mujeres.

Lípari fue  una isla olvidada durante siglos, donde la población ha tenido que emigrar durante décadas, y en la época de Mussolini, se utilizó su castillo para encarcelar a los presos políticos. Ha sido a partir de los años 50 cuando empezó a prosperar por la llegada del turismo siciliano. La isla cuenta con una ciudadela construida sobre un acantilado, dentro se encuentra el Museo Arqueológico y la catedral barroca de san Bartalomeo. La catedral posee un claustro benedictino de estilo normando, que era el original de la primera construcción. Dentro de la basílica destaca una escultura de plata de san Bartolomé, que lleva colgando de uno de sus brazos, un relicario con su propia piel, arrancada  durante la tortura a al que fue sometido.

Callejeando por la ciudad, hay una pequeña iglesia también de san Bartolomé, pero cuya escultura del santo choca porque parece más casi una caricatura irreverente, del mismo. Merece la pena perderse por sus calles y callejones llenos de vida, con numerosos bares, restaurantes y variadas  tiendas muchas de ellas de cerámica artesanal.

El puerto tiene mucho encanto con su faro,  las barcas  pesqueras,  sus populares tabernas, y detrás en lo alto, sobresaliendo, la ciudadela.

 

Hay un mirador “Cuatro Ojos” (Quattrochi), a las afueras de la ciudad, situado en  la parte superior de un  acantilado, desde este lugar,  se contemplan las mejores vistas de la isla de  Vulcano, que está en frente,  con sus columnas de humo a lo lejos, cubriéndola de misterio.

 

Panarea, la isla pintada toda de blanco y azul…, sin duda la más cuidada hasta el mínimo detalle. Desde hace unos años se ha puesto de moda entre los milaneses y los turistas con alto poder adquisitivo. Todo el transporte del interior es exclusivamente eléctrico, las motos, los escasos coches…, los taxis son meharis verdes y azules, por supuesto también eléctricos. Resulta interesante subir hasta la iglesia de san Pietro y luego continuar hasta la playa de guijarros… También se puede subir al pico más alto Pizzo del Corvo. Hay dos calas maravillosas también para darse un chapuzón Cala Junco, y cala Zimmari, ambas con un mar de  penetrante color aguamarina.

La isla tiene también muchos tramos sin aceras y como las calles son muy estrellas, se tiene que ir cediendo con frecuencia el paso o a los vehículos o a los transeúntes. Hay una parte de la isla que está totalmente deshabitada, donde quedan zonas con restos de un poblado prehistórico.  De todas las Eolas, resulta  la más cara, pero también se puede encontrar restaurantes con precios asequibles para disfrutar de sus pescados y gambas recién pescados.

 

Panarea fue la isla más grande pero después de su última gran erosión, el volcán quedó sumergido dado lugar a un archipélago.  Resulta imprescindible e impresionante realizar un recorrido en barco por los cinco islotes que forman el archipiélago (Dattilo, Lisca Bianca, Basiluzzo, Lisca Nera y Bottaro).

El trayecto desde Panarea atravesando los islotes hasta Estróboli te cautiva, no puedes dejar de contemplar la isla donde predomina la silueta del volcán Stromboli, con su nube de humo constante como un vaho imperecedero…,  desde la cubierta del barco, sientes   la brisa del mar  refrescando la piel, y se agradece que de vez en cuando,  te  salpiquen las olas durante un trayecto lento, en el que se mezclan las ansias encontradas por llegar a Stromboli sin “E”, y las ansias encontradas de no llegar todavía y seguir soñando con el encuentro…

Stromboli, poco tiene que ver con ese pueblo tan solo habitado por pescadores abandonados del mundo, o esas calles casi yermas, o esas  mujeres de medias gruesas y oscuras… Siguen los barcos pesqueros, pero con tintes alegres; perduran  las calles empinadas, pero repletas de tiendas;  de sus  gentes de antes …desconfiadas , nos encontramos ahora con gente  acogedora; aún sigue en píe la Casa Rossa donde, Ingrid Berman y Roberto Rossellini vivieron su apasionada historia de amor, pero una historia de amor que como tantas, no  pudo cumplir  el “Te querré siempre” , título que dio nombre a otra de sus   películas. Hoy  su Casa Roja, se encuentra  en venta, y no se puede dejar de sentir cierta melancolía.

 

Bordear circunnavegando “Strombolicchio” mientras se contempla el atardecer, disfrutando de todos los colores de la puesta de sol hasta que  anochecer es una experiencia de las más hermosas de todo el viaje.

 

 

Hay una excursión a píe, que parte al atardecer con  guía, para contemplar la actividad del volcán al oscurecer, lo más difícil y cansado  es el regreso en la noche. Personalmente no la realicé, quien sabe si tal vez, si alguna vez regresara… No obstante, sí pude contemplar desde el mar la “Scicara de Fuoco” ( “Río de fuego”), algo único, especial,  barcos y barcos, todos quietos, con sus gentes en  silencio, todos en comunión, unidos, mirando hacia el volcán, con el mismo deseo…, el momento en sí, evoca,  sin duda a la escena de la película,  cuando todo el pueblo se refugia en el mar dentro de  sus barcas rezando para que el volcán les perdone la vida. Nosotros no estamos temerosos por nuestras vidas, sino esperando poder observar como desciende  la lava de fuego hasta el mar…Las explosiones son cada 20 minutos aproximadamente, se oye primero  el rugido del volcán, mitad  enfado y mitad lamento, mitad ira, mitad dolor,… a continuación los ríos de fuego, que emergen de alguno de sus tres cráteres…, cómo lágrimas de sangre, una visión de enorme belleza y desgarro  a la vez, mítica, mágica, irreal, romántica, que emociona hasta humedecer la mirada. El magnetismo del volcán es tan atrayente que cuando parte el barco, no te quieres ir…, no quieres alejarte, porque más allá del volcán, tal vez, ya no quede nada que tenga la fuerza de poderte atrapar…

 

Queridos Ingrid Berman y Roberto Rossellini, gracias  por Stromboli, una historia mitad verdad, mitad casi inventada, que un día descubrió una niña, viendo en la tele una película de mayores. Aunque sin entenderla, supo  captar la belleza de las imágenes oscuras y tristes. Muchos años después algo que parecía irrealizable, me llevó a conocer y disfrutar de las islas Eolias, de ellas me llevo los baños en sus playas de guijarros y erizos, en sus calas y en altamar, sobretodo en altamar, cuando el calor asedia, resultan de una delicia indescriptible, refrescarse entre olas de un azul infinito, que te hace sentir que nadas por dentro  del cielo. Me llevo el escuchar, contemplar, oler, caminar y el sentir de sus volcanes, ese corazón externo que tanto respetan y nunca temen sus habitantes. Me llevo la lección aprendida de sus encantadoras gentes,  no hay dinero en el mundo, que  les empuje a vender  ni una esquina de su dura vida, jamás cambiarían sus austeras y bonitas casas dónde nunca falta un cuidado y hermoso jardín; ni renunciarían  a sus sencillas barcas, ni el dejar de disfrutar del pescado de su pesca; ni desertarían de regir su vida por los colores de los atardeceres y amaneceres  sobre un mar muy azul; ni cederían la soledad de sus vidas, tan guardadas para adentro, ni jamás abandonaría a su volcán porque sería arrancarse mil latidos vivos en unas islas, mil latidos dormidos en otras, sus volcanes les protege y les envuelve de misterio y poesía su ardua existencia.

Llega el día del regreso, que me aleja a cada momento de unos días, en los que pude recuperar y rencontrar algo que tenía tan perdido… la serenidad, el sosiego, la tranquilidad, la quietud, la calma, la paz.

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About Azul, verde y a veces gris

Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Licenciada en Criminología por la Universidad Europea de Madrid. Máster en Perturbaciones de Audición y Lenguaje por la Universidad Autónoma de Madrid. Profesora de Educación Secundaria en Comunidad de Madrid. Jefa del departamento de Orientación en un instituto público de Madrid. Coautora del libro "Películas para trabajar en el aula" (2012). Autora del libro "Educando con cine" (2017)
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